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¡ADIOS QUERIDO MAESTRO! ¡ADIOS QUERIDO Dr. Franciso “Paco” Maglio!

Dr. Francisco “Paco” MAGLIO

24/04/1935 – 17/05/2017

¡ADIOS QUERIDO MAESTRO! ¡ADIOS QUERIDO Dr. Franciso “Paco” Maglio!

Se ha ido uno de los más grandes médicos argentinos, el entrañable Paco Maglio.

Su herencia vivirá en cada uno de nosotros para siempre ….

 

El colega y amigo Dr. Daniel Flichtentrei escribió los siguiente en INTRAMED:

“No se puede escribir consternado por el dolor de la pérdida. Pero tampoco se puede callar cuando se va el más grande de todos.

Paco querido, te despedimos estremecidos, desolados, entre la memoria de tus palabras vivas y el compromiso de seguir siendo fieles a todo lo que nos hiciste ver durante tantos años.

Cuando nos amenazaba el olvido de lo que nos hizo médicos, cuando todo se hacía una triste aritmética del sufrimiento humano; apareció tu voz luminosa para sacudirnos como un padre firme y cariñoso.

Me guardo para siempre algunas madrugadas heladas conversando sobre el raro privilegio de la medicina y acerca de la felicidad inmensa de poder ayudar al otro. Tus charlas, tus libros, tu mano pesada sobre mi espalda y la filosofia cruel de tus tangos amados.

No habrá forma de agradecerte lo que no tiene precio. No hay modo de devolverte nada de lo que nos has dado. Somos mejores, esa es tu obra.

Cada vez que la profesión se ocurece por la indignidad o se pierde arrastrada por el flujo incontrolable de la trivialidad o el poder de los mercenarios, tu figura se agiganta.

Te queremos mucho, y siempre te querremos en tiempo presente. Así, como esta noche maldita de otoño en la que la eternidad nos quita tu cuerpo pero nos deja tu espíritu metido muy adentro de cada uno de nosotros.

Hoy a muerto mi padre por segunda vez. Hasta siempre y gracias, viejo querido. ¡Adios Paco!

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May 18, 2017 at 3:42 pm

21/Noviembre ¡FELIZ DIA de la ENFERMERIA!

21/Noviembre ¡FELIZ DIA de la ENFERMERIA!

A QUIENES SIEMPRE OFRECEN SU CONOCIMIENTO y UNA MANO TENDIDA SIN PREGUNTAR A QUIEN.

Un cielo para las enfermeras
por el Dr DANIEL FLICHTENTREI (Intramed)

Guardo una cantidad de secretos que no estoy dispuesto a revelar, anécdotas que no voy a contar. Vergüenzas inconfesables y arrebatos de niño malcriado de las que hoy me arrepiento. Tengo una deuda que alguna vez debería comenzar a pagar. Cuentas pendientes y un afecto maduro que ahora me permito sentir. Abrazos que jamás les he dado y la incómoda sensación de que no las he merecido.

Establecemos con las enfermeras una relación estrecha y contradictoria desde muy temprano en la carrera de Medicina. Allí, en el preciso lugar en que los enfermos dejan de ser páginas de un libro para encarnarse en personas ante quienes no sabemos qué hacer. Allí, en el espacio en que lo que creíamos conocer debe hacerse acto y nos damos cuenta de que ese paso es arduo y atemorizante. Que nos deja solos frente a lo que nadie nos dijo. Allí, aparece una enfermera para ofrecernos su mano solidaria y acompañarnos. Para enseñarnos sin exhibicionismos, sin cátedras ni reconocimientos.

Las he visto dormirse sobre un libro muchas madrugadas intentando terminar sus estudios secundarios mientras doblaban gasas, esterilizaban instrumental y escribían en un papelito la lista de compras del supermercado.

Las he visto sostener con dedicación un tratamiento complejo, advertir con una sensibilidad exquisita las más sutiles modificaciones en un paciente que a mí me pasaban inadvertidas y, minutos más tarde, hacer con una tijera, papel de colores y goma de pegar el disfraz de soldado para que su hijo actúe en la fiesta de la escuela vestido de granadero a la mañana siguiente.

Hay crepúsculos sombríos que nos clavan al piso. Atardeceres que muerden como dentaduras y te sangran el cuello. Uno se hace preguntas. Recapitula las horas pasadas y sigue las huellas de la muerte rondándote los talones.

¿Habré hecho lo suficiente?

¿Habré hecho lo correcto?

Te abraza una angustia compacta y el ácido reflujo de la derrota te sube hasta la garganta. Acribillado de recuerdos, estás atrapado en un laberinto de preguntas sin respuesta. Entonces, el humo caliente que sube desde una taza te lleva hasta la mano que la sostiene. Y ella hasta esa mujer que no habla porque conoce los límites del lenguaje pero que sabe leer las secretas señales del desasosiego. Esa mujer te frota la espalda. Entonces te crecen alas, te ponés de pie y los cadáveres regresan a su sepultura.

Gracias, muchas gracias, aunque nunca se lo haya dicho.

La Medicina es una boca inmensa que te devora todos los días. Una enorme ballena que te atrapa en la oscuridad de su estómago mientras el exterior se apaga como una llama en una tormenta.

Los rumores del mundo se atenúan y ya no existe nada más allá de esa caverna. Ese agujero es tu mundo y todo lo demás se desvanece hasta desaparecer. Pero allí afuera te esperan. Te necesitan y te reclaman.

Aunque vos ya no puedas escucharlos. Hasta que alguien abre la boca voraz de esa ballena y te busca a tientas en la oscuridad con la luz de una vela. Y te saca a empujones. Y te deja a las puertas de tus afectos. Y te dice: “basta por hoy, volvé a tu casa”.

Cuando alguien supone que sabe se convierte en una arma mortal. En una arma manejada por un idiota. Nada es más ridículo ni menos justo que un fanfarrón. Solo la conciencia de lo que se ignora nos acerca a la sabiduría. Aunque casi siempre cuando ya es tarde, cuando ya hemos hecho daño, cuando la disculpa o la retractación no resuelven nada. Mientras alguien cree que él sabe y los demás no, se hace ciego a su propio desconocimiento, se imbeciliza con empeño y dedicación. Nosotros podemos sospechar que tal cosa existe, pero las enfermeras tienen una multitud de pruebas para demostrarlo.

Uno crece a fuerza de fracasos, de latigazos sobre la imagen de lo que creíamos ser pero no somos. Hasta que una mañana cualquiera me encontré llamando a Manuela para que hable con mi paciente y averigüe lo que a mí me ocultaba o para que autorice aquello a lo que se negaba porque no comprendía las razones y yo no lograba explicárselas.

Manuela llegaba y me pedía que la dejara a solas. Yo me retiraba obediente y me disponía a esperar. Bastaban cinco o diez minutos para que el obstáculo se disolviera.

Después, el enfermo me recriminaba: ¿Por qué usted no me lo dijo así, clarito…, como ella?

¿Qué sabía Manuela que yo desconozco?

Mucho tiempo después advertí que conocer las enfermedades tenía poco que ver con comprender a quienes las padecen. Que “curar” y “cuidar” no son sinónimos.

Aunque no es posible acceder a lo primero ignorando lo segundo. Estas, como tantas otras cosas, las aprendí de ellas.

Supe que les debía una solidaridad que me habían regalado cuando no la merecía. Una tolerancia que no me había ganado. No he conocido a nadie capaz de protegerme tanto y tan bien, especialmente de mí mismo.
En la vida personal de casi todos quienes compartimos con ellas tantos años, esas mujeres cubrieron nuestras travesuras como hermanas fieles y nos advirtieron de los riesgos cuando el descontrol nos amenazaba. Identificaban el preciso momento en que lo que hacíamos ponía en peligro lo que queríamos y nos señalaban la diferencia. Sin sermones, sin amenazas.

La mano firme de Manuela me tomaba del brazo y yo entendía que ya era suficiente. Que me había acercado más de lo prudente al límite de lo posible. Que era el momento de volver a casa como si nada hubiese ocurrido. Aún hoy, en la desmantelada intemperie de la memoria, siento su mano apretándome el brazo cuando me acerco a algunos abismos.

Hay una dimensión devaluada de la asistencia en la enfermedad. Un territorio silenciado por el que las enfermeras transitan con una habilidad y tenacidad extraordinarias. Alguien tendrá que decirlo. Alguien tendrá que devolverles lo que nunca les hemos dado. Un espacio del que nos hemos apropiado pero que no nos pertenece.

En secreto, todos sabemos que un hospital podría sostenerse sin mayores esfuerzos sin médicos pero naufragaría apenas en un instante sin enfermeras. Ahora que se han profesionalizado, ahora que tienen títulos e incumbencias universitarias. Ahora que sus diplomas las legitiman en el patético mundo académico.

También ahora nos enseñan que la perseverancia y la humildad son atributos que la universidad no da, pero que tampoco es obligatorio que quite.

Les debo más de lo que podría devolverles.

Ah, una última cosa: cuando el dolor me inyecte sus venenos, cuando sienta que estoy a merced de lo que ya no puedo manejar, cuando sufra, entonces, por favor, tráiganme a Manuela.

Fuente: INTRAMED
http://www.intramed.net/contenidover.asp?contenidoID=56457#comentarios

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November 21, 2016 at 8:42 am

On the Seasonal Occurrence and Abundance of the Zika Virus Vector Mosquito Aedes Aegypti in the Contiguous United States

PLOS Curr. Published online March 16, 2016.

Andrew J. Monaghan – National Center for Atmospheric Research, Research Applications Laboratory, Boulder, Colorado, USA.

Cory W. Morin – Daniel F. Steinhoff

Olga Wilhelmi – Mary Hayden – Dale A. Quattrochi – Michael Reiskind – Alun L. Lloyd – Kirk Smith – Chris A. Schmidt Paige E. Scalf – Kacey Ernst

Introduction

An ongoing Zika virus pandemic in Latin America and the Caribbean has raised concerns that travel-related introduction of Zika virus could initiate local transmission in the United States (U.S.) by its primary vector, the mosquito Aedes aegypti.

Methods

We employed meteorologically driven models for 2006-2015 to simulate the potential seasonal abundance of adult Aedes aegypti for fifty cities within or near the margins of its known U.S. range. Mosquito abundance results were analyzed alongside travel and socioeconomic factors that are proxies of viral introduction and vulnerability to human-vector contact.

Results

Meteorological conditions are largely unsuitable for Aedes aegypti over the U.S. during winter months (December-March), except in southern Florida and south Texas where comparatively warm conditions can sustain low-to-moderate potential mosquito abundance. Meteorological conditions are suitable for Aedes aegypti across all fifty cities during peak summer months (July-September), though the mosquito has not been documented in all cities. Simulations indicate the highest mosquito abundance occurs in the Southeast and south Texas where locally acquired cases of Aedes-transmitted viruses have been reported previously. Cities in southern Florida and south Texas are at the nexus of high seasonal suitability for Aedes aegypti and strong potential for travel-related virus introduction. Higher poverty rates in cities along the U.S.-Mexico border may correlate with factors that increase human exposure to Aedes aegypti.

Discussion

Our results can inform baseline risk for local Zika virus transmission in the U.S. and the optimal timing of vector control activities, and underscore the need for enhanced surveillance for Aedes mosquitoes and Aedes-transmitted viruses.

FULL TEXT

http://currents.plos.org/outbreaks/article/on-the-seasonal-occurrence-and-abundance-of-the-zika-virus-vector-mosquito-aedes-aegypti-in-the-contiguous-united-states/

April 14, 2016 at 9:01 am

The Effect of Universal Glove and Gown Use on Adverse Events in Intensive Care Unit Patients

Clinical Infectious Diseases AUG 15, 2015 V.61 N.4 P.545-553

Editor’s Choice

Lindsay D. Croft, Anthony D. Harris, Lisa Pineles, Patricia Langenberg, Michelle Shardell, Jeffrey C. Fink, Linda Simoni-Wastila, and Daniel J. Morgan for the Benefits of Universal Glove and Gown (BUGG) Primary Investigators

1Department of Epidemiology and Public Health, University of Maryland School of Medicine

2VA Maryland Healthcare System

3Department of Medicine, Division of General Internal Medicine, University of Maryland School of Medicine

4Department of Pharmaceutical Health Services Research, University of Maryland School of Pharmacy, Baltimore

Correspondence: Daniel J. Morgan, MD, MS, Department of Epidemiology and Public Health, University of Maryland School of Medicine, 685 W Baltimore St, MSTF 334, Baltimore, MD 21201 (dmorgan@epi.umaryland.edu).

Background

No randomized trials have examined the effect of contact precautions or universal glove and gown use on adverse events. We assessed if wearing gloves and gowns during all patient contact in the intensive care unit (ICU) changes adverse event rates.

Methods

From January 2012 to October 2012, intervention ICUs of the 20-site Benefits of Universal Gloving and Gowning cluster randomized trial required that healthcare workers use gloves and gowns for all patient contact. We randomly sampled 1800 medical records of adult patients not colonized with antibiotic-resistant bacteria and reviewed them for adverse events using the Institute for Healthcare Improvement Global Trigger Tool.

Results

Four hundred forty-seven patients (24.8%) had 1 or more ICU adverse events. Adverse events were not associated with universal glove and gown use (incidence rate ratio [IRR], 0.81; 95% confidence interval [CI], .48–1.36). This did not change with adjustment for ICU type, severity of illness, academic hospital status, and ICU size, (IRR, 0.91; 95% CI, .59–1.42; P = .68). Rates of infectious adverse events also did not differ after adjusting for the same factors (IRR, 0.75; 95% CI, .47–1.21; P = .24).

Conclusions

In ICUs where healthcare workers donned gloves and gowns for all patient contact, patients were no more likely to experience adverse events than in control ICUs. Concerns of adverse events resulting from universal glove and gown use were not supported. Similar considerations may be appropriate regarding use of contact precautions.

Clinical Trials Registration. NCT0131821.

PDF

http://cid.oxfordjournals.org/content/61/4/545.full.pdf

August 29, 2015 at 7:34 pm

Sex Differences in Pediatric Infectious Diseases

Journal of Infectious Diseases July 15, 2014 V.209 SUPL.3 S120-S126

Maximilian Muenchhoff1 and Philip J. R. Goulder1,2

1Department of Paediatrics, University of Oxford, United Kingdom

2HIV Pathogenesis Programme, The Doris Duke Medical Research Institute, University of KwaZulu-Natal, Durban, South Africa

Correspondence: Prof Philip J. R. Goulder, Department of Paediatrics, University of Oxford, Peter Medawar Bldg for Pathogen Research, South Parks Road, Oxford OX1 3SY, UK v(philip.goulder@paediatrics.ox.ac.uk).

Abstract

The success of the immune response is finely balanced between, on the one hand, the need to engage vigorously with, and clear, certain pathogens; and, on the other, the requirement to minimize immunopathology and autoimmunity.

Distinct immune strategies to achieve this balance have evolved in females and males and also in infancy through to adulthood. Sex differences in outcome from a range of infectious diseases can be identified from as early as fetal life, such as in congenital cytomegalovirus infection.

The impact of sex hormones on the T-helper 1/T-helper 2 cytokine balance has been proposed to explain the higher severity of most infectious diseases in males. In the minority where greater morbidity and mortality is observed in females, this is hypothesized to arise because of greater immunopathology and/or autoimmunity.

However, a number of unexplained exceptions to this rule are described. Studies that have actually measured the sex differences in children in the immune responses to infectious diseases and that would further test these hypotheses, are relatively scarce.

PDF

http://jid.oxfordjournals.org/content/209/suppl_3/S120.full.pdf+html

 

December 13, 2014 at 5:43 pm

Infectious Diseases Specialty Intervention Is Associated With Decreased Mortality and Lower Healthcare Costs

Clinical Infectious Diseases January 1, 2014 V.58 N.1 P.22-28

Steven Schmitt1, Daniel P. McQuillen2, Ronald Nahass3, Lawrence Martinelli4, Michael Rubin5, Kay Schwebke6, Russell Petrak7, J. Trees Ritter8, David Chansolme9, Thomas Slama10, Edward M. Drozd11, Shamonda F. Braithwaite11, Michael Johnsrud12, and Eric Hammelman11

1Department of Infectious Diseases, Medicine Institute, Cleveland Clinic, Ohio

2Center for Infectious Diseases and Prevention, Lahey Hospital & Medical Center, Tufts University School of Medicine, Burlington, Massachusetts

3ID Care, Hillsborough, New Jersey

4Covenant Health, Lubbock, Texas

5Divisions of Clinical Epidemiology and Infectious Diseases, University of Utah School of Medicine, Salt Lake City

6OptumInsight, Eden Prairie, Minnesota

7Metro ID Consultants, LLC, Burr Ridge, Illinois

8French Hospital Medical Center, San Luis Obispo, California

9Infectious Disease Consultants of Oklahoma City, Oklahoma

10Indiana University School of Medicine, Indianapolis, Indiana

11Data Analytics

12Health Economics and Outcomes Research, Avalere Health, Washington, D.C.

Correspondence: Steven Schmitt, MD, 9500 Euclid Ave., Desk G-21, Cleveland, OH 44195, USA (schmits@ccf.org).

Background

Previous studies, largely based on chart reviews with small sample sizes, have demonstrated that infectious diseases (ID) specialists positively impact patient outcomes. We investigated how ID specialists impact mortality, utilization, and costs using a large claims dataset.

Methods

We used administrative fee-for-service Medicare claims to identify beneficiaries hospitalized from 2008 to 2009 with at least 1 of 11 infections. There were 101 991 stays with and 170 336 stays without ID interventions. Cohorts were propensity score matched for patient demographics, comorbidities, and hospital characteristics. Regression models compared ID versus non-ID intervention and early versus late ID intervention. Risk-adjusted outcomes included hospital and intensive care unit (ICU) length of stay (LOS), mortality, readmissions, hospital charges, and Medicare payments.

Results

The ID intervention cohort demonstrated significantly lower mortality (odds ratio [OR], 0.87; 95% confidence interval [CI], .83 to .91) and readmissions (OR, 0.96; 95% CI, .93 to .99) than the non-ID intervention cohort. Medicare charges and payments were not significantly different; the ID intervention cohort ICU LOS was 3.7% shorter (95% CI, −5.5% to −1.9%). Patients receiving ID intervention within 2 days of admission had significantly lower 30-day mortality and readmission, hospital and ICU length of stay, and Medicare charges and payments compared with patients receiving later ID interventions.

Conclusions

ID interventions are associated with improved patient outcomes. Early ID interventions are also associated with reduced costs for Medicare beneficiaries with select infections.

PDF

http://cid.oxfordjournals.org/content/58/1/22.full.pdf+html

Editorial Commentary

Infectious Diseases: A Friend in Need

Emilio Bouza

Department of Microbiology and Infectious Diseases, Hospital General Gregorio Marañón

Department of Medicine, Universidad Complutense, Madrid, Spain

Correspondence: Emilio Bouza, MD, PhD, Servicio de Microbiología y E. Infecciosas, Hospital General Universitario Gregorio Marañón, Dr Esquerdo 46, 28007 Madrid (ebouza@microb.net).

Schmitt et al must be congratulated for their effort to provide evidence to third-party payers on the convenience and advantages to consult infectious diseases specialists early, at least for patients with severe, nosocomially acquired infectious complications [1]. In a very interesting article published in this issue of the journal, they demonstrated that “ID interventions are associated with improved patient outcomes … and reduced costs” [1]. Their article has the added value of raising old and new issues that are not always approached similarly in different countries and in different situations.

The first issue that I would consider is the need for infectious diseases specialists at the present time. We are far from the years in which, in the pages of this very journal, prestigious physicians such as Petersdorf and Beeson bitterly discussed the need for more infectious diseases specialists [2–4]. In 1980, Beeson [5] claimed that our specialty lacks every attribute needed for successful practice: special technology, chronicity of disease, and balanced remuneration. Petersdorf, at that same time, suggested, “It is my conclusion that infectious disease is destined to function best as an academic specialty whose trainees should pursue careers …

PDF

http://cid.oxfordjournals.org/content/58/1/29.full.pdf+html

February 28, 2014 at 9:38 pm

Globalization, Climate Change, and Human Health

N Engl J Med Apr.4, 2013  V.368  P.1335-1343

REVIEW ARTICLE

GLOBAL HEALTH

Anthony J. McMichael, M.B., B.S., Ph.D.

From the National Centre for Epidemiology and Population Health, Australian National University, Canberra, ACT, Australia.

Address reprint requests to Dr. McMichael at the National Centre for Epidemiology and Population Health, Australian National University, Canberra, ACT 0200, Australia, or at tony.mcmichael@anu.edu.au.

The global scale, interconnectedness, and economic intensity of contemporary human activity are historically unprecedented,1 as are many of the consequent environmental and social changes. These global changes fundamentally influence patterns of human health, international health care, and public health activities.2 They constitute a syndrome, not a set of separate changes, that reflects the interrelated pressures, stresses, and tensions arising from an overly large world population, the pervasive and increasingly systemic environmental impact of many economic activities, urbanization, the spread of consumerism, and the widening gap between rich and poor both within and between countries….

PDF

http://www.nejm.org/doi/pdf/10.1056/NEJMra1109341

April 4, 2013 at 8:05 pm

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